El Taller de Formación como Recurso Didáctico en la experiencia de Educación Popular y Organización de la Comunidad.
Por. MSc. Oscar Araque
Correo Electrónico: investigacionciep@gmail.com
El taller de formación como recurso didáctico ha sido la estrategia metodológica de preferencia que he utilizado en todo el proceso de trabajo comunitario realizado en las comunidades populares urbanas y rurales del Estado Mérida desde el año 1993.
En este sentido como parte de la sistematización de este importante recurso considero que:Sucede con frecuencia que se realizan talleres, o determinada dinámica participativa, sin tener en claro con qué objetivos se realizan.
Cuando las acciones se deslindan de una reflexión estratégica y metodológica, se corre el riesgo de caer en desviaciones espontaneístas o voluntaristas de las prácticas.Llamo “espontaneísmo” al desarrollo de acciones despojadas de una determinada formulación estratégica.
Cuando una experiencia no cuenta con el necesario encuadre teórico y metodológico adecuado a objetivos y estrategia de trabajo comunitario, entonces se desarrolla una práctica ciega, que parte de un activismo espontáneo sin acumulación ni potencia transformadora.
Una suerte de ínterin donde no está claro por qué se hace lo que se hace.El voluntarismo es un problema vinculado al anterior, y consiste en el desarrollo de una práctica sin la necesaria organización del trabajo, de la estrategia, de los recursos y del equipo.Ambos conceptos, el voluntarismo y el espontaneísmo, expresan problemas frecuentes en el trabajo con grupos y comunidad, que suelen ocasionar una depreciación teórica y práctica de los procesos de trabajo, al tiempo que suelen terminar en intervenciones de corto alcance, sin potencial transformador, generando frustración en los equipos, comunidades y en los colectivos con los que se trabaja.
Esta situación tiene además connotaciones éticas, siempre que se comprometan cosas que no se puedan luego hacer, voluntarismo o se realicen acciones sin saber por qué se las realiza, espontaneísmo.En tanto uno de los factores definitorios de la educación popular como estrategia para la organización comunitaria es su fin transformador, el cuidado de la organización estratégica de las acciones formativas, su orientación hacia objetivos concretos, tiene una gran importancia.
En el caso de la educación popular, la relación entre los objetivos y la estrategia está pautada por el principio ético-metodológico de la coherencia entre fines y medios, entre objetivos y métodos. Es decir que tan importante como aquello que se quiera lograr, es lo que se hace para lograrlo.
El fin no justifica los medios, sino que los medios prefiguran y anticipan el fin. Las acciones que configuren el camino deberán ser coherentes con el horizonte a alcanzar.
Los métodos son las formas o maneras de organizar los procesos específicos de trabajo comunitario popular en función de situaciones concretas y objetivos particulares.
Ambas variables, las situaciones concretas y los objetivos particulares son fundamentales para definir los métodos. Se organizarán las acciones y procesos, se elegirán los métodos, tanto en función de lo que se quiera lograr, objetivos, como en consideración del punto de partida, la situación actual. Si no se consideran los objetivos, la práctica no tendrá orientación estratégica. Si no se atiende a la situación de partida, las opciones metodológicas no tendrán asidero, serán incomprendidas, e inoperantes.
Las técnicas son los instrumentos y herramientas que operativizan, hacen viable cada paso del proceso. Un diseño metodológico contiene diversas técnicas que lo harán viable, lo concretarán. Por ejemplo, cuando se desarrolla una metodología de taller, se utilizarán diversas técnicas para cada momento y según determinados objetivos (técnicas de caldeamiento, de presentación, para trabajar en grupos, para realizar una síntesis, para evaluar, etcétera).
Por su parte, el procedimiento metodológico refiere a los modos concretos en que se utilizan las técnicas en función del contexto concreto en que se harán: es decir, cómo se aplican las técnicas seleccionadas. Suele suceder que se adaptan determinadas técnicas a una situación o grupo, o que se defina realizarla de determinado modo por el tiempo con que se cuenta. Todos estos cambios y modificaciones que se realizan con flexibilidad y creatividad, refieren a los procedimientos concretos de utilización de las técnicas.Principios que sustentan al Taller en la Educación Popular para la Organización Comunitaria.
La dinámica de trabajo en la facilitación de talleres de formación en el marco del programa de formación comunitaria del Centro de Estudios y Cooperación para el Desarrollo desde el año 1993 me ha permitido a través de las dinámicas de trabajo grupal en las comunidades sistematizar los principales aspectos de importancia relacionados con los siguientes aspectos: Para los participantes en los talleres de formación que he facilitado, el taller constituye: a) Un recurso didáctico de trabajo con comunidades y en grupos; y b) Una metodología de trabajo educativo que busca alcanzar objetivos preestablecidos, organizando para ello la utilización de determinadas técnicas.
Intentando una suerte de definición, partiendo de la experiencia formativa con comunidades y grupos en contextos populares urbanos y rurales podría decir que el taller en la concepción metodológica de la educación popular y la organización de la comunidad es: un recurso didáctico de trabajo con comunidades y grupos, que es limitado en el tiempo y se realiza con determinados objetivos particulares, permitiendo la activación de un proceso pedagógico sustentado en la integración de teoría y práctica, el protagonismo de los participantes, el diálogo de saberes, y la producción colectiva de aprendizajes, operando una transformación en las personas participantes y en la situación de partida.
Realizando un desglose de esta definición, podría señalar que las principales características de la metodología de taller en la educación popular son las siguientes:*Es un recurso didáctico de trabajo con comunidades y grupos.*Es limitado en el tiempo.*Tiene objetivos específicos.* Es un proceso en sí mismo: aunque pueda estar inserto en un proceso mayor, en sí mismo es un proceso que tiene una apertura, un desarrollo y un cierre.*Es un espacio que se caracteriza por la producción colectiva: los aprendizajes y creaciones se producen a partir de un diálogo de experiencias y saberes basado en el saber, la experiencia y en el protagonismo de los participantes.*Busca la generación de aprendizajes y la transformación de una situación, así como de los propios participantes: al taller «se entra de una forma y se sale de otra».*Busca la integración de teoría y práctica. Hay un “aprender haciendo” y un “hacer aprendiendo”.*Y en tanto opera una transformación, se basa en un trabajo colectivo y dialógico, y procura la integración de teoría y práctica, el taller es el soporte para el desarrollo de un proceso formativo.
En tanto espacio sustentado en el protagonismo de los participantes y la integración de teoría y práctica, el taller es una metodología apropiada para la generación de un proceso formativo basado en una concepción de la pedagogía de la praxis. Dicha concepción pedagógica parte del desarrollo del concepto de praxis por parte de la educación popular.
En la educación popular como concepción metodológica para la organización de la comunidad, el taller es una metodología apropiada la cual fue aplicada durante todo el proceso de trabajo comunitario para fines como: diagnóstico, planificación, evaluación, sistematización, monitoreo o seguimiento, análisis de una temática y en la formación.*Diagnóstico. Análisis colectivo de una situación o problema, a fin de comprenderlo en sus diferentes componentes, su complejidad, su multicausalidad, y su dimensión situacional y estructural a partir de una mirada diacrónica y sincrónica del mismo.*Planificación. Organización de acciones y actividades con el fin de operativizar una estrategia dirigida a alcanzar determinados objetivos en un tiempo determinado y valiéndose de determinados recursos.*Evaluación: Análisis del grado de cumplimiento de determinados objetivos previamente formulados, línea de base, del logro o no de los resultados esperados, de la emergencia de hechos inesperados, así como del proceso grupal de trabajo colectivo.*Sistematización. El taller puede también ser una metodología a utilizar como parte de una estrategia de sistematización de una experiencia, en tanto permite analizar elementos del proceso de desarrollo de dicha experiencia, en función de determinados ejes de análisis, procurando reconstruir, deconstruir y reflexionar críticamente sobre el proceso realizado, con el fin de objetivar aprendizajes colectivos.*Monitoreo o seguimiento.
Análisis del desarrollo de determinadas acciones, durante el proceso de su implementación, con el fin de observar obstáculos y facilitadores, visualizar su potencial estratégico en función de los objetivos iniciales, y aportar información a fin de tomar decisiones que rectifiquen o ratifiquen elementos de la estrategia de trabajo.*Análisis de una temática.
Abordaje colectivo de una temática para su discusión, por ejemplo, un análisis de coyuntura, el cual puede ser parte de un diagnóstico.*Formación. El taller es también una metodología apropiada para realizar objetivos de formación sobre determinados temas específicos, en tanto al partir de los saberes previos de los participantes, la discusión colectiva, y la integración de teoría y práctica, favorece una mejor apropiación e internalización de los contenidos de formación.
Dos puntos de partida para la planificación de un taller. Podría convenirse que, en la educación popular, para la organización de un taller es necesario considerar dos puntos de partida: uno de orden estratégico, y otro de orden metodológico.El punto de partida estratégico para la planificación de un taller consiste en tener en cuenta los objetivos que se pretende alcanzar: el “para qué” de la realización del taller. Las características que adopte el taller, su duración, contenidos, las técnicas que se utilizarán, así como la estrategia de difusión, registro y evaluación, serán diferentes según se trate de un taller de formación, de diagnóstico, de planificación, de evaluación, o bien de un taller de análisis de coyuntura.
Por su parte, el punto de partida metodológico de la planificación de un taller desde la perspectiva de la educación popular, consiste en partir del conocimiento de las personas participantes, sus intereses, historia, códigos culturales y comunicacionales. Esto implica tanto el momento de la planificación del taller, ¿cómo acordamos con los participantes la realización de un taller con determinados objetivos?; ¿cómo seleccionamos las técnicas a utilizar más adecuadas a las características de los participantes?), como el momento de trabajo en el taller, su desarrollo, ¿cómo partimos de los saberes de los participantes y los ponemos en juego?; ¿cómo potenciamos la comunicación mutua?.
A la hora de planificar un taller es entonces importante tener en claro para qué se quiere realizar, así como partir de un conocimiento de las personas que participarán. Si no se tiene en cuenta, por ejemplo, que el principal canal de comunicación de un grupo es el oral y no el escrito y se propone una dinámica basada en la escritura, se estará cometiendo un error metodológico fruto de no considerar este conocimiento previo.Sucede en ocasiones que el taller se realizará con personas que no se conocen entre sí, o que el facilitador no conoce. En estos casos, resulta importante considerar esta situación al momento de planificar el taller y seleccionar las técnicas que se utilizarán; al tiempo que será necesario prever un momento inicial para la presentación de los asistentes.En resumen: un taller cuya planificación no tenga en cuenta el punto de partida estratégico, será una actividad sin potencia transformadora, no favorecerá un proceso de acumulación, y será funcional a una práctica espontaneísta.
En cambio, un taller que prescinda del punto de partida metodológico, posiblemente genere una relación de ajenidad de los participantes respecto al taller, cuando no implique una operación de violentación o invasión cultural, en una contradicción entre fines y medios contraria a la concepción metodológica de la educación popular.A propósito de esta situación me planteo ¿Cómo se planifica un taller?.
A continuación, se propongo una suerte de guía para la planificación de un taller. Naturalmente se trata de una guía tentativa entre tantas posibles, sin “pretensiones de receta”, y de utilización flexible según los objetivos y contexto en que se vaya a planificar el taller.Para planificar un taller comunitario resulta importante tener en cuenta los siguientes elementos:a) Objetivos: ¿Qué se busca con el taller? Es importante tener claros los objetivos que se busca alcanzar con el taller, por un lado, para poder ver qué cosas pueden lograrse con el taller y cuales no; y por otro para poder luego hacer una adecuada evaluación, valorando el taller en el marco de la totalidad del proceso.b) Participantes: ¿A quién va dirigido? Es importante conocer las características de los participantes (edad, género, si se conocen, si comparten una actividad en común, trabajo, etc.).
El facilitador deberá tener en cuenta esta información, por ejemplo, para pensar los criterios de una división en subgrupos, así como para potenciar la participación y la valoración del saber de todos. El taller, en tanto espacio microsocial y micropolítico, es también una arena donde se reproducen las relaciones de poder y dominación de nuestra sociedad; y es tarea del facilitador poder ir realizando un trabajo de redistribución del saber, una valoración del saber del otro.En cuanto al número de personas para realizar un taller, si bien ciertamente no existe una cantidad estrictamente indicada, recomiendo que el número adecuado sería entre 10 y 30 personas.
En cualquier caso, el número de participantes adecuado dependerá también de los objetivos del taller.c) Contenidos: En función de los objetivos que se persigan con el taller, contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales, los contenidos que se quieran trabajar en él y las características de los participantes, se analizará la estrategia del abordaje de los contenidos, la secuencia lógica de su tratamiento, los tiempos a dedicar a cada tema, y las técnicas específicas que se utilizarán, dinámicas rompe hielo y presentación, técnicas dramáticas, técnicas participativas para la evaluación o el diagnóstico, etcétera.Es importante realizar un adecuado análisis de la relación entre objetivos, contenidos y tiempo disponible. Los contenidos y la estrategia de su tratamiento deben responder a los objetivos del taller, de modo de evitar la realización de dinámicas sin un adecuado fundamento.
Asimismo, se debe analizar cuidadosamente el tiempo disponible. Es preferible resignar el tratamiento de algunos contenidos en función de trabajar adecuadamente otros, a realizar un taller donde por querer abarcar demasiado, se trabaje con insuficiencia todo, frustrando el cumplimiento de los objetivos. Un taller es por definición un espacio en que se trabaja con intensidad en torno a un tema, por lo que la cantidad de contenidos no conviene que sea excesiva.Por último, al planificar el tratamiento de los contenidos, es importante tener en cuenta un aspecto fundamental: el atractivo de la propuesta. En lo posible, es importante procurar pasar un buen momento, disfrutar, gozar, sin detrimento de la importancia o dificultad de las cuestiones que se trabajen.d) Recursos: Es un aspecto a tener en cuenta en la planificación. Se suelen olvidar las cosas más elementales por no incluirlas en la planificación, y esto luego conlleva dificultades materiales a la hora de realizar el taller según lo previsto.En la planificación de los recursos se incluye todo lo necesario según la actividad planificada: desde el salón, hasta los materiales de trabajo gráfico u otros. Asimismo, es necesario conocer previamente el lugar donde se realizará el taller, el espacio, las condiciones de iluminación y acústica, si existen o no instalaciones eléctricas y su distribución.e) Responsables y roles: Dentro del equipo de facilitación y coordinación es importante definir quién se hace responsable de qué tareas. Conviene distribuir previamente los roles a desempeñar durante el taller, definiendo quién será el facilitador, el coordinador, quién tendrá a cargo el registro, quién coordinará una técnica en específico, etcétera.f) El tiempo: El tiempo adecuado de duración de un taller también es variable, según los objetivos del taller y las características de los participantes. Es difícil que los grupos mantengan la concentración y la atención durante más de una hora y media. Luego de ese tiempo, a veces es contraproducente seguir trabajando, salvo que se trate de grupos muy consolidados y consustanciados con la tarea.
En cualquier caso, si se va a trabajar más de una hora y media, conviene hacer un pequeño receso en el medio.Una vez planificado el taller, resulta útil elaborar una guía instruccional de los contenidos que se trabajarán, las técnicas que se utilizarán, el momento de cada contenido y el tiempo dedicado a cada momento. Esta guía instruccional consiste en un registro ordenado de la estructura del taller y la articulación de sus momentos y contenidos, que será de utilidad a la hora de coordinar el taller, llevar adelante la planificación, y eventualmente adoptar decisiones que cambien parcialmente la planificación prevista.Los tres momentos de un taller: El taller comienza antes del taller.
Esto es, el taller no comienza en el momento en que se reúne el grupo convocado, sino que el primer momento es ya la planificación del mismo. Se suele acordar que el taller incluye tres momentos diferenciados: planificación, desarrollo y evaluación.1) Planificación: Refiere a lo reseñado en el subtítulo anterior, a lo que se le debe sumar la convocatoria, la invitación a los participantes. La convocatoria es un aspecto también muy importante, que puede realizarse con diferentes medios y metodologías.
En cualquier caso, es importante incluir información clara sobre el “para qué” se convoca.2) Desarrollo: Refiere a lo que sucede efectivamente en el taller con lo que se planificó previamente. El desarrollo del taller tiene a su vez tres momentos:a) Apertura: Si los integrantes del taller no se conocen es bueno comenzar dedicando un tiempo a la presentación, utilizando eventualmente técnicas específicas para ello. Lo fundamental de la apertura, imprescindible para cualquier taller, y condición casi necesaria para el éxito del mismo es el análisis de las expectativas, las normas de trabajo y el establecimiento del encuadre. Cada integrante llega al taller con un conjunto de ideas previas y fantasías respecto a lo que allí se trabajará, y de para qué servirá, o no servirá, la actividad.
En función de estas ideas previas se dará el compromiso, participación, satisfacción o frustración de cada integrante en relación al taller. Por lo tanto, es importante comenzar por poner en común las expectativas de cada uno respecto al taller, y realizar una nivelación de expectativas en función de los objetivos que el taller tiene, planteando qué cosas se van a trabajar y cuales no se van a abordar en el taller.