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Por: Msc. Massimiliano D’Alessandro Zarrelli

Presidente de la Asociación Merideña de Ajedrez del estado Bolivariano de Mérida

Mi apuesta por el Ajedrez como herramienta de transformación en el Estado Bolivariano de Mérida.Cuando camino por las aulas de nuestras escuelas en el estado Bolivariano de Mérida, a menudo me detengo a observar algo que trasciende lo académico, es la mirada de nuestros estudiantes, en dónde observo un potencial infinito, pero también los desafíos propios de una realidad social compleja.

En ese escenario, me he convencido, que el ajedrez no es solo un juego de reyes o un deporte de estrategia; para nosotros en las montañas de Mérida, se ha convertido en una herramienta de incidencia escolar vital, un puente hacia el desarrollo cognitivo y sobre todo, una pedagogía de la resistencia y la esperanza.

LA GÉNESIS DE UNA CONVICCIÓN.

Mi primer encuentro con el ajedrez, fue quizás, como el de muchos, una curiosidad táctica. Sin embargo, al llevarlo al aula descubrí algo distinto; cuando un niño o una adolescente se sientan frente al tablero, ocurre una metamorfosis, el ruido exterior disminuye, la impulsividad se atenúa y comienza un ejercicio de introspección única.En Mérida, donde valoramos profundamente el saber y el debate intelectual, el ajedrez se percibe como una pieza que encaja perfectamente en nuestro tejido cultural.

Como educador, he sido testigo de cómo este juego de sesenta y cuatro casillas, actúa como un laboratorio de vida, no estamos simplemente enseñando a mover piezas, estamos enseñando a pensar. En un sistema educativo que a veces premia la rapidez sobre la reflexión, el ajedrez nos obliga a detenernos; En cada partida, mis alumnos deben aprender la lección más difícil: antes de actuar, hay que analizar, esta pausa que parece tan sencilla, es en realidad un acto de rebeldía contra la inmediatez y la falta de profundidad.

EL TABLERO COMO ESPEJO DEL AULAAl integrar el ajedrez en nuestra dinámica escolar, he notado una incidencia directa en el rendimiento académico, no es magia, es neurociencia aplicada, cuando un estudiante de nuestras escuelas merideñas practica ajedrez regularmente, está ejercitando áreas de su cerebro encargadas de la memoria de trabajo, la planificación a largo plazo y fundamentalmente, la gestión del error.

En matemáticas, por ejemplo, el error suele ser penalizado con una calificación baja. En el ajedrez, el error es parte del proceso de aprendizaje, un mal movimiento me lleva a perder una pieza y esa consecuencia es inmediata y visible. El estudiante debe entonces, buscar una solución, adaptarse y seguir adelante.He visto a jóvenes que se sentían derrotados por las dificultades de una materia escolar encontrar en el tablero la confianza necesaria para decir: «Me equivoqué, pero puedo corregirlo». Ese cambio de mentalidad de la frustración a la resiliencia es, a mi juicio, el logro más importante de nuestra labor.

UN COMPROMISO CON LA EQUIDAD SOCIALMérida es un estado diverso, tenemos instituciones en el centro de la ciudad y escuelas rurales donde el acceso a recursos tecnológicos o extracurriculares es limitado, es aquí donde el ajedrez se convierte en un instrumento de verdadera justicia social.

El ajedrez es democrático, no discrimina por origen social, por la ropa que vistes o por las condiciones económicas de tu hogar. En el tablero, el estudiante de la escuela más humilde de los Páramos, tiene las mismas oportunidades de victoria que alguien con mayores privilegios, esta igualdad de condiciones empodera a nuestros muchachos, les da una voz y un espacio donde su intelecto es el único protagonista.

He impulsado este proyecto bajo la premisa, que todo estudiante debe tener acceso a este aprendizaje. Cuando organizamos torneos interescolares en nuestros municipios, el ambiente no es de hostilidad, sino de hermandad, ver a estudiantes de distintas procedencias estrecharse la mano antes de empezar la partida, es ver en miniatura, el tipo de sociedad que queremos construir: una donde el respeto al otro, incluso al adversario, es la base de la convivencia.

LOS EJES DE NUESTRA INCIDENCIA PEDAGÓGICAPara sistematizar esta herramienta, me he enfocado en tres pilares que considero innegociables en nuestra práctica diaria.La Paciencia y La Concentración: En una era de sobre estimulación digital, el ajedrez es una disciplina de «desconexión para conectar». Mis alumnos aprenden que las grandes victorias no se logran por impulso, sino por el trabajo constante y la atención minuciosa.

La Ética y La Responsabilidad: Cada jugada tiene una consecuencia. En el ajedrez no hay azar, no hay dados; todo es producto de nuestra decisión. Enseñarles que son los arquitectos de su propio destino en el tablero les ayuda a comprender, poco a poco, que son también los responsables de sus decisiones en la vida cotidiana.La Gestión Emocional: ¿Qué hacer cuando se pierde?, La derrota en el ajedrez es dolorosa, pero es una maestra excelente, aprender a aceptar la derrota con dignidad, analizar qué salió mal y felicitar al oponente es un ejercicio de madurez emocional, que rara vez se enseña en otras materias.

HACIA EL FUTURO: LA CONSOLIDACIÓN DE UN SUEÑOA veces me preguntan si mi objetivo, es que Mérida se convierta en una cuna de Grandes Maestros. Les respondo que, aunque sería un orgullo, ese no es el norte principal, mi objetivo es que cada estudiante que pase por nuestras manos, se lleve la capacidad de pensar con claridad, de actuar con ética y de enfrentar la vida con la calma de quien sabe que siempre hay una jugada mejor, incluso en las posiciones más complejas.

La implementación no ha estado exenta de obstáculos. La falta de materiales, la necesidad de formar a más docentes y la resistencia al cambio en ciertos sectores, son retos reales. Sin embargo, cada vez que veo a un estudiante que antes se mostraba apático en clase, ahora apasionado frente a un tablero, sé, que estamos en el camino correcto.La Asociación de Ajedrez del Estado, junto con los docentes, estamos convencidos, que este es el camino.

Necesitamos que las autoridades educativas sigan viendo el ajedrez no como una actividad «extra», sino como un eje transversal que nutre el pensamiento lógico y la formación ciudadana.

La educación es el pilar de nuestra sociedad merideña, y el ajedrez es la herramienta que nos permite esculpir ese pilar con precisión, paciencia y estrategia.

En conclusión, mi apuesta es por una educación que no solo llene de información, sino que transforme la estructura del pensamiento. Como alguien que ama esta tierra y este juego, seguiré trabajando para que cada escuela de nuestro estado, sea un espacio donde el ajedrez abra puertas, cierre brechas y sobre todo, despierte mentes. Porque en Mérida, sabemos que cuando formamos a un ajedrecista, estamos formando a un ciudadano capaz de pensar por sí mismo, de dialogar con el otro y de construir, movimiento a movimiento, un futuro mejor para todos.

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